#Esplugues Actualitat i Opinió us felicitem les Festes amb aquest conte de Nadal del nostre amic Mago

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“Conocido en todo el mundo occidental, sea con este nombre o con los de Papá Noel, Père Nöel, o en las zonas de mayoría católica de Alemania como Nikolaus.

He superado ya ampliamente la setentena y estoy casado, desde hace más de cincuenta años, con una alemana muy tradicionalista, por lo que solemos celebrar las fiestas navideñas al estilo que ella recuerda de su infancia. Entre dichas tradicio- nes, una de las más importantes para la gente menuda es del día de San Nicolás o Nikolaus, el 6 de diciembre.

Ese día el Nikolaus visita las casas donde hay niños pequeños para preguntarles por su comportamiento durante el año y, en el caso de que no ha- yan sido buenos, les da unos cariñosos golpecitos con una “rute”, especie de bastón hecho con ramas de algún árbol y les apremia para que mejoren. Sin embargo el Nikolaus reparte algunas golo- sinas entre los niños y recoge sus cartas, en las que indican los regalos que desearían recibir el día de Navidad.

Mis dos hijos, ya metidos en la cuarentena, vivieron este ambiente en su niñez. Ahora, el mayor tiene tres hijos, nuestros nietos, de los que los dos menores, gemelos, tiene poco más de siete años.

Desde que nació el primero, el día de San Nicolás se organiza la “visita del Nikolaus” que consiste en que mi hijo menor se presenta en la casa del mayor, vestido de Santa Klaus. Lo hace engordándose artifialmente para mostrar el barrigón típico del personaje, completándolo con una gran peluca que incluye barba y bigote completamente blancos.

Llega a media tarde portando un gran saco en el que lleva las golosinas que repartirá entre niños y mayores y donde guardará celosamente las cartas de los pequeños peticionarios. Habla una mezcla de alemán y español para asegurarse la compren- sión por parte de todos y disimula la voz, distorsionándola al estilo a que estamos acostumbrados de los Santa Klaus de las películas.

La escena goza de una gran éxito, especialmente por parte de la gente menuda. Pero claro, los niños van creciendo y cada vez los mayores tenemos más dudas respecto a la credibilidad de los infantes, a pesar de lo cual nadie se atreve a romper el encanto de la añorada “inocencia infantil”.

Este diciembre de 2013, con siete años de los ge- melos, la escena se ha repetido con el éxito de siempre. Uno de los gemelos, Miguel, es el típico niño buena fe que acepta lo que le dicen o lo que le piden sin discusión. Naturalmente es querido por todo el mundo y tiene infinidad de amigos. Por el contrario su hermano Víctor, es díscolo y no acepta las cosas porque sí o porque se las digan sus mayores, sino que va a su aire y lo discute todo, por desgracia para los mayores, con una magnífica argumentación que sostiene con gran contundencia.
Después de la visita del Nikolaus, Víctor se atrevió a hacer el siguiente comentario de “tipo enterado al que no se las dan con queso”: “Lo voz de Nikolaus me ha parecido igual que la de Carlos, el hermano de papi. Yo creo que era él disfrazado”.

Yo intenté inutilmente convencerlo de lo contrario, es decir que el Nikolaus nos había visitado realmente. Testigo de la conversación fue el otro ge melo, Miguel, a quien no se le ocurrió otra cosa que decirle a su hermano casi en el oído: “Ya lo sé, Víctor; pero no hables tan alto porque el “avi” aún se lo cree”.

¿No es maravillosa la inocencia infantil?

Manuel Goicoechea
Palau de Plegamans
6 de diciembre de 2013