El recorte llega al plato

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La directora de una escuela subraya que a veces de esa ayuda depende la nutrición de un alumno. El tijeretazo de la Generalitat dejará a 6.852 niños del Baix Llobregat sin beca de comedor en mayo.

Para comprender bien de qué va esta historia hay que imaginarse (y no es una ficción) a un niño que durante la hora del almuerzo, en la escuela, le pide a los monitores si puede repetir. Estos le responden que por supuesto, pero además están convencidos de que la noche anterior en casa no cenó. La escena, por cierto, no hay ni que imaginarla en una escuela de un barrio marginal. Sucede, por ejemplo, en el colegio público Joan Maragall de Esplugues, un centro con unas instalaciones envidables (amplios patios, alegres dibujos de los niños colgados en las paredes, un equipo docente más que solvente…). Con honestidad, nada mejor que un relato que tal vez encoge el corazón para comprender el impacto que puede llegar a tener en determinadas zonas de Catalunya la decisión de la Generalitat de recortar el presupuesto destinado a las becas de comedor para el curso 2011-2012 y, además, ser morosa en el pago.

En cifras, el problema se resume más o menos así. El Baix Llobregat es la comarca catalana con la renta familiar disponible más baja de Catalunya. No es extraño, así, que 6.852 familias reunieran sobradamente las condiciones para acceder a una beca de comedor escolar al comenzar el curso. El problema empieza aquí, pues la Generalitat decidió limitar a 2,8 millones de euros la partida destinada a este concepto en el Baix Llobregat. Bastaba una calculadora para deducir a principios de curso que con esa cantidad no se cubriría la demanda, así que el consejo comarcal, administración encargada de gestionar este servicio, decidió añadir de sus propios recursos 400.000 euros adicionales. El resultado son 3,2 millones de euros que, pese a todo, siguen siendo insuficientes, de modo que de los 177 días lectivos del curso escolar solo está garantizado que se pueda servir un plato becado a los niños durante 148 días. En una lectura simplista del problema, sería más o menos como afirmar que a partir del 11 de mayo el comedor se cerrará para los alumnos más necesitados.

La lectura simplista, sin embargo, no vale la pena tenerla en cuenta porque la compleja es aún peor. No solo los fondos previstos son insuficientes, sino que además el hecho de que la Generalitat no haya abonado todavía el dinero comprometido ha llevado el problema más allá de la frontera del absurdo. Algunas escuelas del Baix Llobregat han sugerido a los padres que abonen de sus bolsillos la beca con la promesa de que el dinero les será devuelto cuando la Generalitat pague sus deudas. Eso es poco menos que convertir a familias que no llegan a fin de mes en proveedores de la Generalitat.

PAGO A PLAZOS / La escuela Joan Maragall de Esplugues ha optado por una solución distinta, igualmente indeseada por la dirección del centro, igualmente insólita. Allí, de 195 niños que se quedan a comer en la escuela, 144 tiene derecho a beca. Es un barrio, sin duda, situado bastante cerca del sísmico epicentro de la crisis. La prueba del nueve es que familias con arraigo y solvencia no pidieron jamás beca de comedor para su primer hijo y en cambio ahora se ven en la necesidad de hacerlo para el pequeño de casa. «Les planteamos a los padres cuál es la situación económica y les explicamos a cuántos días de almuerzo becado pueden optar. Lo comprendieron, eso hay que agradecérselo, así que ellos han decidido cómo encajar esos días en su calendario familiar.», explica la directora, Maria Àngels Álvarez.

La escuela Joan Maragall, claro, también es víctima de la morosidad de la Generalitat. Esto no es más que una versión del pez grande que se come al chico. Ese centro de Esplugues ha decidido tirar de los escasos recursos propios de que dispone para aguantar el tirón de las becas de comedor. El precio del menú diario es de 6,20 euros por niño. Con beca, los padres tienen que pagar solo 2,60 euros, algo menos en determinados casos porque el ayuntamiento también arrima el hombro a través de sus servicios sociales. No son cifras desorbitadas, pero tal y como están las cosas la dirección de la escuela acepta incluso que las familias le paguen a plazos aquello que le deben.

Los 2,60 euros de un menú, los 2,8 millones de euros previstos por la Generalitat o los 400.000 euros que el consejo comarcal ha decidido aportar por su cuenta y riesgo solo son, sin embargo, cifras. Nada de todo ello ofrece con nitidez el retrato que ofrece una visita a la escuela Joan Maragall o a muchas otras del Baix Llobregat. Es ahí donde se descubre con pasmo que los recortes, en según que materias, sitúan a muchos niños catalanes a un paso de la mala nutrición.

Font: El Periódico
Autor: Carles Cols
Foto: Josep Garcia