Artículos / Chernóbil, 20 años de sarcófago

Author : / Date : 2006-04-26 09:21
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La explosión de un reactor nuclear en la localidad ucraniana liberó una radiactividad equivalente a cientos de bombas como la de Hiroshima y ha segado hasta 200.000 vidas


La central nuclear de Chernóbil no tenía, en realidad, un uso civil: se dedicaba a producir plutonio para fabricar armas nucleares. Pero, claro, no fue ésta la causa de las explosiones que, hace hoy veinte años, desencadenaron el mayor accidente nuclear de la Historia. La causa es que Chernóbil estaba construida sin las adecuadas medidas de seguridad, para ahorrar dinero, y al intentar reducir la potencia de su reactor se produjo una reacción inversa y se multiplicó hasta llevarlo a la explosión. La cantidad de material radiactivo arrojado a la atmósfera equivalió a cientos de bombas como la lanzada sobre Hiroshima. Las consecuencias de aquella tragedia no hacen sino agravarse con los años: miles, decenas de miles, tal vez cientos de miles de muertos, en su mayoría por cánceres.

Oviedo, A. CALERO

En la madrugada del 26 de abril de 1986, los sistemas de seguridad de la central nuclear soviética de Chernóbil (Ucrania) detectaron en el aire un nivel de contaminación radiactiva de 3,6 roentgen por hora. Una dosis elevada pero irreal. Porque 3,6 era, sencillamente, el tope de aquellos medidores. Y la contaminación real superaba los 13.000.

Fue el inicio de la catástrofe de Chernóbil, el mayor accidente nuclear de la Historia, del que hoy se cumplen veinte años. El reactor cuarto de la central, bautizado como «Lenin», fue escenario de una cadena de explosiones a partir de las 01.24 horas. Como consecuencia, su cubierta saltó por los aires lanzando a la atmósfera hasta 200 toneladas de material fusible, con una radiactividad equivalente a entre 100 y 500 bombas atómicas como la de Hiroshima.

El accidente contaminó unos 45.000 kilómetros cuadrados de territorio -con unos cinco millones de habitantes- en Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Sólo en Ucrania, hubo 2,6 millones de afectados por la radiación, incluidos 600.000 niños. A esta cifra hay que sumar dos millones de rusos (500.000 niños) y 1,7 millones de bielorrusos (el 20% de la población), 360.000 de ellos niños.

Según las fuentes que se consulten, en estas dos décadas han muerto, de modo directo o indirecto, entre las 4.000 personas que calcula la Agencia Atómica y las 200.000 de las que habla el último informe de la organización ecologista Greenpeace. Buena parte de los óbitos ha sido causada por diferentes tipos de cáncer.

Los primeros afectados fueron los trabajadores de la central, construida en 1974. A la hora de la explosión trabajaban en ella unas 200 personas, de las que 31 fueron evacuadas ese mismo día. En menos de un mes habían muerto todas. Aún habían de seguir muchas más y buena parte de la culpa ha de achacarse al oscurantismo del régimen soviético.

En efecto, el líder de la URSS, Mijail Gorbachov, tardó días en hacer una declaración oficial y sólo la hizo cuando Suecia, que detectó la nube radiactiva, dio la voz de alarma. Para entonces, miles de ucranianos y bielorrusos habían sido contaminados sin saberlo. Unos 164.000 ucranianos fueron evacuadas, aunque algunos centenares se negaron a abandonar su tierra. Actualmente, son unas 184 las personas que, en ocho aldeas, viven en el área de riesgo, establecida en un círculo de 30 kilómetros en torno a la central.

Pero el grueso de los afectados viene de las filas de los llamados «liquidadores», el ejército de más de 600.000 bomberos, soldados, funcionarios y voluntarios soviéticos encargados de tapar el reactor con la estructura de hormigón y acero que se conoce como «sarcófago». Primero se arrojaron miles de toneladas de arena y luego se vertió hormigón. Todo desde helicópteros. Pero al final no hubo más remedio que construir los muros. Se hizo con trajes especiales y en jornadas de trabajo de sólo tres o cuatro minutos por persona. Pese a todo, muchos liquidadores murieron -se calcula que hasta 100.000- o quedaron inválidos.

Actualmente, Chernóbil no está activa. Sus reactores 1, 2 y 3 cerraron en diciembre de 2000, pero aún contienen combustible nuclear. Y bajo el sarcófago del reactor 4 sigue latiendo el peligro. La estructura presenta grietas y fugas radiactivas, por lo que se ha vuelto necesario construir un segundo sarcófago para recubrirlo. Se tratará de una mole de una longitud de 257 metros, una anchura de 150 y una altura de 108.

En espera del inicio de la construcción -un parche para contener unas radiaciones que no dejarán de producirse en miles de años-, el presidente de Ucrania, Viktor Yuschenko, acudirá hoy a la zona de exclusión para rendir homenaje a las víctimas. Cuyo número seguirá creciendo de año en año.

Fuente: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pNumEjemplar=1254&pIdSeccion=44&pIdNoticia=398116
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