Historia de la COLLA DELS DIMECRES

Josemari, Juan y la mujer de Juan (pintores en el mundo 01)Regresábamos, un caluroso día de julio, tras haberestado pintando en los jardines de Miramar, el simpático ydicharachero Josemari, el circunspecto Joan María deCastellar y yo cuando, tras terminar de contarles unaanécdota intrascendente que me acababa de sucedermecon un mozalbete de Bangladesh, llamado Gamal, Josemarinos contó la historia que sigue:“Me fui a pintar por los alrededores de la plazaMedinaceli, donde había unos arcos que me gustaron. En elsuelo se refugiaban algunos indigentes que, además deestorbar, despedían olores inaprensibles.Llevaba un rato con lo mío cuando se me acercó uno de los que allí estaban y empezó aponderar mi trabajo. El tipo no paraba de hablar y acabó por enrollarme en su conversación. Mecontó que vivía (es un decir) de reparar bicicletas y que se llamaba Juan. Charlaba tanto que creoque acabamos por intimar.Se acercó una mujer que no paraba de quejarse de todo cuanto existe en el mundo, utilizandopalabrotas y expresiones dignas del peor hablado de los carreteros de Castilla. Miré a Juan y lepregunté quién era. ‘¡Mi mujer!’ contestó lacónicamente. Estuve tentado de sentir lástima por él.¡Empezaba a caerme bien!Algún tiempo después volví a pintar por los mismos andurriales y, entre el personal que semovía por la zona busqué y encontré a Juan. Pareció alegrarse de verme; charlamos y se me ocurriópreguntarle por su mujer. ‘¡Se ha ido! ¡Me dejó!’ Parecía triste, aunque resignado.Antes de marcharme me hizo un encargo muy especial: ‘¡Si algún día encuentras a mi mujer,te pido que le hagas un retrato y me lo traes porque me gustaría llevarlo siempre conmigo!’ Leprometí cumplir con su deseo y me fui.Mucho después, en otra de mis correrías artísticas, tropecé con la mujer de Juan, a la quereconocí antes de verla por la frondosidad de su lenguaje que seguía superando al más cerril de losmuleros.Quise saludarla y le pregunté por Juan. ‘¡Se ha muerto!’ respondió casi secamente.‘¡Caramba, sí que lo siento! ¡Me parecía un buen tío!’ Y le conté la petición que me había hechoJuan en nuestro último encuentro.La mujer de Juan me escuchaba atentamenteen silencio y, cuando terminé de contárselo, sepuso a llorar. ¡Había comprendido cuánto la quería el hombre al que había abandonado! ¡Meemocioné! ¡Es la vida, es la gente! ¡En el fondo somos humanos!

Redactado para mis amigos de la Colla dels dimecres por mago
Julio de 2015Esta pequeña anécdota quedaría incompleta si no aclarase quiénes somos su titular y el redactor, así comola relaciónentre ambos: Josemari Larrañaga es uno de los miembros más activos de “La Colla dels Dimecres”, grupo de acuarelistas de la Asociación Acuarelista de Barcelona y simpatizantes que se reúnen los miércoles en cualquier punto de la ciudad y se dedican a pintar, haciendo de “street painters”. El redactor, Manuel Goicoechea Utrillo, es socio del Cercle Artístic d’Esplugues y estaba a punto de unirse a la “Colla”, de la que formaba parte su hermanoJordi, cuando repentinamente éste falleció.Josemari,que era muy amigo de Jordi, le hizo de introductor en la “Colla” y fue el origen de una profunda y sincera amistad

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REBOST D’APORTACIONS (ELS SOCIS I ELS SEUS TEXTES)

ELS QUADRES DEL MES PINTATS PELS SOCIS

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